Comunidades rurales son las más afectadas por cambio climático

Por Galia Gálvez

  Lima es la segunda ciudad del mundo ubicada sobre un desierto después de El Cairo. Un ciudadano limeño consume diariamente el doble de agua que un francés o un alemán; es decir 240 litros de agua por persona.

 Y mientras un grifo malogrado pierde durante un mes alrededor de 22 mil litros del líquido vital, una familia  de escasos recursos puede garantizar su subsistencia semanal con un cilindro de aproximadamente 210 litros,  comprado a  una cisterna repartidora. 

De acuerdo a proyecciones de ACNUR  (Agencia de la ONU para los Refugiados)  se estima que el año 2050 el número de ‘refugiados  ambientales’ será de 200 millones.

Es decir, un segmento de la  población mundial se verá obligada a migrar o ser evacuada de su lugar de origen debido a  bruscos cambios climáticos de su hábitat, lo cual incluye sequías, exceso de lluvias, crecidas de mar  y  sucesos anómalos al  clima.

No estamos preparados

Este cambio afectará también el acceso al agua,  la salud y la seguridad alimentaria.  Pero aún más a las comunidades rurales.

Según apunta la doctora Ana Barros, científica ambiental de la Universidad de Duke (EEUU), muchas zonas del planeta no están preparadas para afrontar los cambios climáticos, y lo más importante, proteger a su población.

La doctora Barros estuvo en Lima para dictar un ciclo de conferencias sobre el agua en diversas instituciones especializadas, como el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), Ministerio de Agricultura y otras.

  Soluciones

Pero, ¿cómo adaptarnos ante este fenómeno global que ya es inminente?

La investigadora dijo que es importante entender que el uso del agua no es solamente  un hecho individual, sino que conforme  usamos este recurso, impactamos a otras personas.

“Todos estamos en esto. En una cuenca el agua viene en  precipitaciones, a veces en forma de nieve, pero hay procesos hidrológicos e hidrometeorológicos que son muy específicos,  de acuerdo a cómo cada usuario utiliza y conserva el agua impacta a otros usuarios”.

Barros hace hincapié sobre la necesidad de identificar  la cantidad  de agua en una cuenca, para mejorar su uso en la comunidad.

Manejo de cuencas

“Para manejar es necesario saber qué se va a manejar y para evaluar el aspecto ambiental en el futuro se debe conocer  su impacto. Y si no hay un punto de partida es muy difícil”.

La ONU ha catalogado al Perú como uno de los 10 países con más biodiversidad en el mundo, y esta peculiaridad lo convierte en un territorio altamente vulnerable antes los desastres naturales, por la riqueza de su patrimonio ecológico.

Ante esto, Barros  advierte que ‘existe una separación muy grande entre la ecología de conservación y el entendimiento del clima’.

Por ejemplo, agrega, se cuentan los árboles que hay en una región pero no se hacen estudios de clima que vayan a apoyar ese conocimiento.

Para proteger y adaptar hay que entender cómo funciona  toda la biodiversidad dentro del paisaje”, y este evento involucra necesariamente al clima, según indica.

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